

El conjuro se repitió, y el resultado fue el de siempre: llovió. Ocurrió también en Nicaragua cuando leí algunos poemas de ese libro. Tarde despejada en el Parque de los Poetas y después de mis palabras se oscureció el cielo, dos rayos, humedad intensa y empezó el intercambio cómplice de miradas supersticiosas. Iba a llover antes del brindis.
De tanto llamarlo en altoparlantes, pasillos y tertulias, el 18 de mayo se inauguró el tiempo de huracanes con la Virgen de la Cueva. Los invitados llegaron empapados, confundidos y temerosos de llevar un ejemplar a casa. Los truenos se escuchaban mismo adentro y al final tampoco se podía salir.
De todas formas fue - según las fuentes "el libro más vendido en el INAC durante la Feria".